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Provisión de fondos o calendario de facturas continuas precedidas por un anticipo de hasta el 50%. Los despachos extreman el control del cobro a las empresas ante la coyuntura actual. Algunos consideran que el término provisión de fondos, habitual enprocedimientos pero no en negociaciones, ha quedado anticuado. Sin embargo, todos los bufetes consultados – grandes, medianos y pequeños – reciben algún tipo de pago por adelantado, fundamental para las firmas de dimensiones reducidas.
Así, Paloma Pérez de León, socio de Dikei Abogados, recuerda que “en los asuntos de asesoramiento no se solía pedir provisión de fondos ni siquiera para gastos, aunque a veces si para suplidos; en cambio, en los procedimientos judiciales, que suelen extenderse varios años, es habitual”
Añade que la crisis hace que hoy se establezca un presupuesto (por tarifas horarias con o sin límite de horas o a tanto alzado por actuaciones). “Se contempla un calendario de cobros, que parten del pago adelantado de un 40% ó 50% del total. Esta práctica se presenta como recomendable debido a la incertidumbre que la situación de algunos clientes plantea” explica.
Álvaro Écija, socio director de Écija Abogados, da cuenta de la preocupación de su comité de socios ante las previsiones de operadores económicos, para el año que viene, pero, por ahora, su práctica no cambia: “Mantenemos un crecimiento sostenido; nunca hemos pedido un crédito ni tenemos deudas, para cada caso contratamos a los abogados que necesitamos”, asegura.
Sin embargo, sí que suben las provisiones de fondos. “Siempre las hemos hecho, pero, ante la crisis, las incrementamos hasta un 50% para clientes medianos o que conocemos poco. Con las grandes empresas no variamos nuestra política de igualas que cobran cada 60 ó 90 días”, apostilla.
A Miguel Ángel Pérez de la Manga, socio director de Manga Abogados –Firma que tienen dos socios y seis colaboradores – y consultor de Manage Law, no le gusta hablar de provisiones de fondos, pero cobra anticipos: “Es una herramienta que se usaba en el pasado, menos empresarial, y que puede colisionar con los derechos del consumidor. Al particular le da igual, pero la empresa necesita facturas”, dice. Concreta: “La factura no es el lugar más indicado para detallar, sino los documentos que llamamos propuesta de colaboración y propuesta de honorarios, que antes no ocupaban más de dos folios y que ahora llegan a seis. Los imprevistos sienta mal al cliente, así que fijamos al milímetro en estos textos todo lo que puede surgir”, comenta. “La coyuntura hace que dividamos las facturas en el mayor número de fases posible, con lo que se anula la tensión del pago final en el que ya se ha prestado el servicio” cuenta. Y aconseja que la primera factura sea elevada para que el cliente se vincule. Los plazos son de siete a treinta días. “Como nos dedicamos al Área Inmobiliaria, desde septiembre de 2007 tenemos cuidado, y extremamos la cautela desde marzo de 2008”, recuerda.
Un bufete español señala que no hace provisiones de fondos salvo en Litigación aunque podría cambiar de política “si los clientes no pagan”. Otra firma internacional explica que ahora emite facturas con más frecuencia y que la provisión de fondos es habitual en concursos. Un despacho extranjero cuenta que las empresas piden una estrategia de ahorro de costes y outsourcing. Por último, Miguel Klingenberg, socio director de Freshfields, explica que al bufete le gusta compartir el riesgo de buenos clientes que compran y venden y aspira a primas si tienen éxito. |